En el mes de diciembre, el espíritu de las fiestas invade todos los ámbitos. Junto a él, las familias comienzan a idear y organizar lo que será la cena de Nochebuena, Navidad y Año nuevo.
Muchas veces por el agitado ritmo que cada persona lleva en su vida, los tiempos se acortan y la idea de elaborar platos sofisticados queda desechada. Sin embargo, existen otras opciones que permiten presentar una cena con variedad y originalidad, sin perder categoría y estilo.
Así, el buffet es una alternativa que brinda diversas ventajas tanto en calidad cuanto en cantidad. Entradas frías, comidas calientes, fiambres, arrollados y ensaladas varias son sólo algunas de las preparaciones posibles.
Además, esta presentación permite recibir a un gran número de personas sin necesidad de contar con grandes espacios, al tiempo que admite presentar todos los platos del menú integrados en una sola mesa.
Por otro lado, la vajilla necesaria se reduce a un plato grande, una copa, un tenedor y cuchillo por cada invitado. De esta manera, no se requiere un puesto en la mesa para cada comensal.
Generalmente, los anfitriones suelen pasar la noche preocupados en que sus agasajados estén a gusto, se relacionen los unos con los otros y que nada falta sobre la mesa. El buffet también libra a los dueños de ésta tarea, ya que el movimiento constante de personas genera la conversación entre ellos, haciendo que los grupos se formen espontáneamente.
Casi con seguridad, es pertinente señalar que cada familia sabrá qué aportar a esta propuesta para dotarla de un toque personal. Este distintivo puede venir de la mano de la decoración, la mantelería utilizada y la presencia de personal que se encargue de asistir a los invitados.
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