La temporada estival se acerca y con ella los preparativos para las vacaciones avanzan con pasos firmes. Una escapa al campo, un día de pileta o una tarde al aire libre, pueden ser un anticipo de lo que será el merecido descanso durante el verano; y es justamente en estas situaciones previas, donde nuestra piel comienza a recibir sus primeras exposiciones al sol.
En el último tiempo, se han intensificado las precauciones y recomendaciones en torno al cuidado de este órgano, principalmente por las consecuencias que conlleva el adelgazamiento de la capa de ozono. En este sentido, importante saber cuáles son los recaudos ha tener en cuenta para evitar una insolación o quemaduras no deseadas, además de posibles enfermedades en la piel.
Los rayos ultravioletas
En el último tiempo, y gracias a los distintos avances científicos, es mucho lo que se ha podido descubrir respecto de las características de las radiaciones ultravioletas. Así, se conoce la existencia de los rayos A y B, sabiendo particularmente cuáles son los efectos que éstos producen en la piel.
Históricamente, se pensaba que los de tipo B eran los más perniciosos por tener un mayor poder oncogénico (creación de tumores) a largo plazo, además de generar un fotoenvejecimiento que se manifiesta a través de arrugas y manchas en la piel. Sin embargo, hoy en día se tiene la certeza que los rayos A tienen una secuela nociva similar que los anteriormente mencionados.
Por otra parte, es relevante recordar que el efecto de las radiaciones ultravioletas sobre la piel es acumulativo, lo que combinado con otros factores colabora con la aparición de tumores.
Con ojo clínico
Arrugas y manchas en la piel son sólo algunas de las consecuencias que produce una excesiva e inadecuada exposición al sol. Más grave aún, es que ésta puede convertirse en un importante factor de riesgo de cáncer dermatológico.
Principalmente, las lesiones malignas en la piel se clasifican en tres grupos: los carcinomas basocelulares, los carcinomas espinocelulares y los melanomas. Las primeras aparecen, generalmente, en zonas del cuerpo que están más expuestas a las radiaciones ultravioletas: cara, pabellones de las orejas, manos y cuello. Estos daños tienen distintas formas de manifestarse pero la lesión más común es la queratosis solar, que no es más que una pequeña escama a veces de color rojizo.
Por su parte, la carcinoma espinocelular es la tercera en orden de frecuencia, tiene mayor grado de agresividad que el anterior y suele dar metástasis; es decir, extenderse hacia otros tejidos adyacentes.
Por último, el melanoma es la lesión que mayor preocupación causa entre los profesionales, ya que puede originarse sin ninguna laceración previa o bien sobre una preexistente. Generalmente, es un lunar que presenta ciertas características particulares.
La regla mnemotécnica
El autoexamen es una de las técnicas que permite detectar de manera temprana algún tipo de lunar sospechoso. Es por esto que la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) recomienda realizarlo de forma periódica, situándose frente a un espejo con el fin de poder ver regiones del cuerpo de difícil acceso visual, como es el caso de la espalda.
Pero más allá de la utilidad del autoexamen, es importante una visita periódica al dermatólogo, ya que no siempre es posible acceder visualmente a la totalidad de la superficie corporal.
Las particularidades a las que hay que estar atento responden a una fácil regla mnemotécnica:
A de asimetría: Cuando al trazar una línea por el medio del lunar, a ambos lados quedan partes desiguales.
B de bordes: La irregularidad o su aspecto difuso es un mal signo.
C de color: Se refiere a la superposición de distintos colores y tonalidades en la superficie del lunar.
D de diámetro: Los lunares que tienen un diámetro mayor a 0,5 milímetros presentan mayor posibilidad de transformación maligna.
Cuando un lunar suma varios de estos rasgos, la conducta terapéutica preventiva suele ser extirparlos. Es importante destacar que los tres tipos de cáncer dermatológicos son absolutamente curables, si se los diagnostica a tiempo.
¿Cómo cuidarse?
Evitar los riesgos oncológicos puede ser algo muy sencillo, si se toman las precauciones adecuadas para evitar una mala exposición a los rayos ultravioletas. Para esto, la SAD aconseja:
- No exponer al sol a chicos menores de seis meses de edad. Esto se debe a que el niño todavía no puede usar fotoprotectores ya que su piel no está preparada para ello y pueden resultarles tóxicos.
- Los niños que se encuentran entre los 6 meses de edad a los cuatro años, requieren el máximo cuidado de la piel. Este es un momento clave porque las grandes quemaduras producidas en este período pueden tener luego un efecto muy importante en la generación de tumores malignos.
- A la hora de exponerse al sol y elegir para un fotoprotector, es importante tomar en cuenta el tipo de piel que uno posee. Los seres humanos tienen un filtro solar natural: los melanocitos. Éstas son células que están en la superficie de la piel y producen una sustancia protectora llamada melanina. Quienes tienen una piel muy blanca tienen una reducida producción de melanina, y por ello deben cuidarse más de las radiaciones ultravioletas.
- Además, existen precauciones fundamentales y universales. Principalmente, evitar la exposición entre las 11 y las 15 horas; fuera de ese horario usar fotoprotectores adecuados. Estos deben ser aplicados sobre la piel media hora antes de la exposición solar y deben ser vueltos a aplicar cada dos horas. También es importante que el fotoprotector sea efectivo ante el amplio espectro de radiaciones ultravioletas. Más aún, durante el embarazo debe tenerse especial cuidado ya que suelen modificarse y exacerbarse lesiones preexistentes.
Fuente: www.buenasalud.com